FUENTE: LA REGIÓN
La provincia registró una media de 13 incendios forestales cada día desde que comenzó 2011; y la Guardia Civil ha contabilizado 1.200 fuegos de diferente envergadura en ese mismo periodo, alguno tan grave como el registrado el 11 de este mismo mes en Requiás (Muíños) que calcinó 343 hectáreas de monte perteneciente al parque natural del Xurés, el entorno más severamente castigado por los incendios en estos tres primeros meses del año.
Porque, de las 900 hectáreas catalogadas por los agentes de la Benemérita en estos tres meses, 550 están incluidas o se hallan muy cercanas al espacio natural protegido.
La situación es, pues, lo suficientemente grave como para poner en alerta a la Consellería de Medio Rural, que ya dirige el dedo acusador hacia los ganaderos, posibles autores de los fuegos, que incendiarían el monte para regenerar pastos con la llegada de la primavera. La polémica está servida en este punto, ya que propietarios de rebaños consultados en las zonas más afectadas, el Xurés y las montañas de Vilardevós y A Mezquita, han negado tajantemente esa responsabilidad.
En cualquier caso, el departamento autonómico que dirige Samuel Juárez insiste en que la mayoría de los fuegos son provocados para regenerar pastos, pese a que en la actualidad está prohibido pastar el ganado en zonas ardidas durante los dos años siguientes al incendio. Medio Rural declinó desvelar el viernes las medidas que había anunciado el día anterior para poner freno al devastador efecto de las llamas en la provincia pero, según fuentes consultadas relacionadas con esa Consellería, estarían relacionadas con la creación de pastizales en las parroquias más afectadas, con el inicio de campañas para poner en valor el monte (firmar convenios con comuneros para repoblar con árboles autóctonos), con subvenciones al desbroce de maleza y con el incremento de la vigilancia para perseguir a los ganaderos que pastoreen en zonas ardidas, que como primer castigo perderían las ayudas que perciben de la Administración autonómica.
Mientras, ganaderos consultados en la Baixa Limia y en la zona de montaña de Monterrei rechazan, con matices, las acusaciones de Medio Rural. Juan Antonio Calvo, por ejemplo, tiene un rebaño de ovejas en Vilardevós (uno de los municipios más afectados por el fuego en estos meses). Sabe que está prohibido pastorear en un monte ardido pero también asegura que el pasto tarda mucho tiempo en regenerarse. ‘Tras el fuego sólo aparece maleza’, afirma, recalcando que, además, la madera que queda carbonizada ‘puede ocasionar heridas a los animales’, negando, pues, que tras los incendios esté una pretendida regeneración de pastos.
De hecho, durante el 2010, las fuerzas de seguridad sólo tramitaron tres denuncias por pastoreo en zonas ardidas y otras dos por la práctica de la caza. Las cinco denuncias concluyeron con sanciones administrativas. Eso sí, Medio Rural autorizó 5.000 quemas de rastrojos en la provincia desde el mes de enero.
Con el miedo todavía en el cuerpo, los vecinos de Cimadevila relatan con indignación como, por dos veces en esta misma semana, las llamas amenazaron las viviendas en este tranquilo paraje del Ayuntamiento Lobios. Su experiencia no es la única. En el último mes, los incendios se han multiplicado en los montes de la comarca de la Baixa Limia, lanzando la voz de alarma ante lo que pueda ocurrir este verano en el territorio de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Gerês-Xurés.
‘Está claro que los incendios son provocados, pero no entiendo quién puede salir beneficiado de plantar un fuego cerca de las casas’, señalaba Sara Silva, vecina de Cimadevila, que durante horas vio como las llamas avanzaban hacia su vivienda. ‘Por suerte no llegó, pero quemó el pinar y el calor dañó los viñedos y las huertas’, lamenta con el recuerdo de sus convecinos de Saa huyendo de sus casas el pasado verano.
El peligro de ver el pueblo sitiado por las llamas mantuvo en vilo a los vecinos, pero otros, como en Aceredo o San Paio, no se enteraron hasta el día siguiente. ‘Hai xente que pensa que como estamos no inverno non hai perigo de que prenda. Pero o vento é o mesmo e se non se toman precaucións, pasa o que pasa’, argumenta Celestino Silva, vecino de Lobios, que advierte de que ‘os bosques están cheos de maleza e os camiños intransitables. O Parque debería por as brigadas a traballar para estar preparados cando chegue o calor’.
El olor a quemado todavía está presente en los montes de A Illa (Entrimo), A Fraga (Lobeira), Alvite o Requiás (Muíños). En lo que va de año, sólo en esta última parroquia arraiana con Portugal se han producido hasta ocho incendios que, según los expertos, todo apunta a que han sido intencionados. Las palabras se vuelven silencio y las miradas esquivas cuando se pregunta quién y por qué atenta tan abiertamente contra la naturaleza: ‘Quen vai subir ata alí arriba se xa non quedan animais’, justifica un lugareño que no duda en señalar a los ganaderos lusos como presuntos autores del delito ‘para ter pastos verdes onde votar a facenda’. Pero no todos en la frontera ourensana comparten la misma tesis. ‘Aquí hay vecinos que salen al monte con el mechero en el bolsillo. Algunos tienen mala leche, otros están enfermos y los hay también que lo hacen por intereses personales’, defiende otro vecino de Requiás, al tiempo que insta a las autoridades ‘a vigilar el monte el día después y sancionar duramente a quien salga beneficiado’.
‘En los pueblos todo se sabe, el problema es que nadie quiere hablar’, advierten otros vecinos consultados esta pasada semana, una de las más negras de estos tres primeros meses del año, tanto que Medio Rural llegó a hacer público un comunicado alertando que es en los núcleos con mayor cabaña ganadera extensiva donde se producen más fuegos. ‘Menos mal que llegan las lluvias’, afirman mirando al cielo.